Eres. Somos. Estamos aquí.

Desde niña creí que iba a hacer cosas grandes. Me hice mayor y lo intenté. Luego me di cuenta de que eso que dicen es cierto. Lo importante no es el tamaño, sino el disfrute. Y la realidad es que yo las prefiero pequeñas. Las comunidades digo. Más manejables. Más cercanas. Más humanas. 

Me llaman loca desde que me conozco. Puede que tengan razón. Antes me importaba. Ahora, y después de muchos lloros, me entra por un oído y me sale por el otro. Soy lo que soy y me gusta serlo. He tardado treinta y seis años en no querer cambiarme por nadie. Y miles de euros en terapia. Podría tener un yate. Y sigo llenita de traumas. 

Durante años intenté convertirme en un ser de luz. No tuve éxito. No practico el amor incondicional. Solo quiero a la gente que me trata bien y me respeta. 

La paz llegó cuando dejé de pelear con mi sombra. 

Las envidiosas dicen que tengo suerte. Puede que tengan razón. Aunque por si acaso se equivocan, desde los diecisiete años curro como una cerda para lograr la vida más bonita que soy capaz de imaginar. 

Pasé diez años encerrada en un comercio. 

Quise morirme. 

Logré salir de allí.

Se me dan bien muchas cosas y mi currículo es amplio. No porque sea especial, sino porque soy cabezona y constante. Y porque me gusta adquirir nuevas capacidades. Me pone muy triste que el ser humano no aproveche su potencial. 

Puedo trabajar como paseadora de perros, camarera en pizzerías y discotecas, dependienta de perfumería, asesora de cosmética de lujo, maquilladora social y de pasarela, escritora de desarrollo personal, animadora de humanos, creadora de comunidad, formadora en autoconocimiento, mentora en comunicación y marca personal, y, aunque solo yo vea mi don en esto, bailarina y cantante de musical. 

Me gusta recordar esta lista de trabajos para no apegarme a una sola opción. Si una puerta se cierra, tengo trescientas más. Desde 2009 entreno mi forma de  pensar y vivir para flexibilizarme. Para abrir posibilidades.

No tengo una pasión en concreto. Me parece peligroso. 

He aprendido a apasionarme por todo. 

Mi propósito no tiene que ver con el trabajo, sino con vivir antes de morir. 

1.

Soy menos lista de lo que creía. Y menos delgada. También más introvertida. 

2.

Me fascina la humanidad, odio el victimismo y huyo del ser humano.

3.

Estoy soltera y no quiero hijos. Prefiero perros.

4.

No me importa que se me pase el arroz. Para mí, pizza y tiramisú, por favor. Gracias.

5.

Estoy en paz con mis mierdas.

6.

Escribo para entenderme. 

7.

Aprendo para darme posibilidades. 

8.

Decido para preservar la poca libertad que tenemos. 

9.

El cambio es mi forma de estar en el mundo.

Por ahora.

No pretendo gustarte, ni siquiera me importa que recuerdes mi nombre. Estoy aquí para moverte y conectarte a otras personas tan locas, raras como tú. Como nosotras. Para paliar esa soledad que tantas veces he sentido desde que empecé a vivir a mi favor. Y que tanto duele. Estoy aquí porque me gusta ofrecer lo que necesito.

Esto es para ti y para mí. 

Estoy aquí para que experimentes el efecto vida. 

 

Para que te quede claro que. 

Eres. 

Somos.

Estamos aquí.

Ana. 

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