Mambo para tocarte

3 relatos eróticos para

despertar tu deseo sexual

No es que no te apetezca...

No es que no te apetezca porque eres rara o porque tu deseo sexual se ha ido de parranda para siempre. Es que hay muchos factores que pueden diluirlo.

– La falta de tiempo. 
– La lista interminable de tareas diarias. 
– El cambio hormonal.
– El estrés. 
– La monotonía. 
– Las creencias sociales. 

HASTA EL 31 DE MARZO

Diferentes factores juegan en nuestra contra, pero también hay diferentes formas de volver a reconectar con él.

Gran parte de nuestro deseo sexual se entrena.
Y uno de los recursos más potentes que tenemos es la imaginación.

Si llevas años sin guiarla hacia el deseo sexual, quizá te cueste fantasear, entrar en el pensamiento sugerente y erótico para volver a despertar el deseo. O quizá lo tengas activo, y simplemente te apetezca mantenerlo vivo y reforzarlo.

HASTA EL 31 DE MARZO

Aquí tienes una parte del pastel.
Gratuita.
Para ir abriendo boca…

Arena y Sal

«Él me miraba sorprendido por mi repentino ataque sinvergüenza. Nos fundimos primero en un abrazo de cuerpos desnudos que dio paso a un beso juguetón. Ambas lenguas empezaron a saborear la sal del otro, bajaron por los cuellos, las clavículas, los hombros… algún mordisco inofensivo se escapó. Mi mano buscó su sexo con impaciencia, ya que el océano se había encargado de los preliminares. Él estaba más que preparado y, como siempre desde que nos conocimos, encajamos de forma precisa y perfecta, como si nuestros cuerpos estuviesen hechos a medida. No hacía falta moverse en exceso, bastaba con dejarse llevar por el ritmo del mar.
 
— Esto es muy excitante, en la primera vez que lo hago— le susurré al oído.
— Es pura libertad y naturaleza, relájate y disfruta. Qué rico…— dijo entrando hasta el fondo de mí.
 
Cerré los ojos para poner toda mi atención en cada una de las sensaciones que llegaban a mi cuerpo, desde la temperatura helada del agua, el contraste con el ardiente sol que quemaba mi piel, el roce de la piel húmeda de los cuerpos fundidos y el placer de la penetración lenta y profunda que tanto nos gustaba. Para mi sorpresa, al abrirlos había un hombre sentado en la arena mirándonos sin ningún tipo de disimulo. Mi reacción fue inaudita. Me pareció una falta de respeto por su parte que nos cortara tal momento de comunión entre nosotros, el cielo y el mar, y mi personalidad más descarada salió a escena, subiendo el volumen de mis gemidos, aumentando la intensidad de mis movimientos y mirando al hombre directamente a la cara. Desafiante.
 
— Paula, hay un señor en la orilla, ¿te has dado cuenta?
— Sí, que disfrute. Tiene material exquisito para masturbarse el resto de su existencia. Sigue».

Masaje Thai

«El placer comenzaba. Destapó mi pierna derecha, dejando también el culo a la vista, y empezó con el masaje por los pies, con movimientos intensos y presión alta en los puntos de acupuntura. Empezó a ascender por los gemelos, los muslos… y llegó al culo con movimientos circulares muy relajantes. Después intercaló largas pasadas y movimientos de amasado con los antebrazos, empezando en el centro de mi pierna y deslizando cada brazo en dirección opuesta. El último movimiento lo hizo rodeando la pierna con ambas manos, juntando los pulgares, ejerciendo presión con ellos en un camino ascendente que iniciaba en los talones y que acabó de forma imprevista y, aparentemente inocente, rozándome de forma muy sutil, casi imperceptible, entre las piernas. Provocándome un placer distinto y un punto de excitación por la sorpresa. Me tensé y pudo notarlo. Paró para preguntarme, susurrándome al oído. Mi respuesta salió disparada, antes de que pudiera racionalizarla.

— Is ok miss?

— Yes, yes.

 

Empezó con la otra pierna y el protocolo fue similar. Sus dedos acabaron en el mismo lugar, volviendo a excitarme, a la vez que empezaba a dudar sobre si esto sería lo normal o la cosa se estaba yendo por otros lares. El debate en mi mente dio comienzo. Por un lado, la voz que representaba mi parte corporal y mi deseo pedía más roces del estilo y, por otro, mi mente racional, quizá condicionada por el carro de creencias adquiridas por educación y sociedad sobre mi sexualidad, pensaba en detener el masaje y denunciarle, aunque sabía que estaba siendo plenamente consentido por mi parte. De hecho, quería más».

Jazz Piano

«Se metió el mando en el bolsillo del pantalón para que no pudiera predecir cuando iba a pulsar el botón. Yo estaba excitada solo de pensar que habíamos iniciado el juego. Trajeron los Margarita y empezamos a beber mientras charlábamos sobre sueños de futuro, porque tampoco está permitido hablar del trabajo del día a día. Mientras le contaba que quería invertir en un apartamento para alquilar, activó el vibrador, provocando que diera un pequeño salto en la silla acompañado de una carcajada. Ambos nos reímos e intentamos disimular frente a la mirada de algunos comensales. La vibración siguió mientras me acomodé como pude y cerré los ojos para concentrarme en la sensación. Lo paró cuando llegó el camarero para tomar nota. Tuvo que hablar él, yo no podía por la mezcla de vergüenza, excitación y risa.

—   Esto es muy divertido, me encanta tu sorpresa. Los preliminares esta noche van a ser eternos. ¿Brindamos por nosotros?

Al brindar volvió a pulsar el botón subiendo la intensidad. Sostuve la copa y la mirada como pude mientras él celebraba nuestros siete años de relación y cuatro de ellos de matrimonio. No puedo recordar las palabras concretas porque toda mi atención estaba dirigida al placer y la humedad que empezaba a notar entre mis piernas. Volví a cerrar los ojos y me agarré sutilmente a la mesa para no perder la compostura. Segundos después, sonriendo con la boca y comiéndome con la mirada, me dio tregua».

Aquí tienes una parte del pastel.
Gratuita.
Para ir abriendo boca…

Arena y Sal

«Él me miraba sorprendido por mi repentino ataque sinvergüenza. Nos fundimos primero en un abrazo de cuerpos desnudos que dio paso a un beso juguetón. Ambas lenguas empezaron a saborear la sal del otro, bajaron por los cuellos, las clavículas, los hombros… algún mordisco inofensivo se escapó. Mi mano buscó su sexo con impaciencia, ya que el océano se había encargado de los preliminares. Él estaba más que preparado y, como siempre desde que nos conocimos, encajamos de forma precisa y perfecta, como si nuestros cuerpos estuviesen hechos a medida. No hacía falta moverse en exceso, bastaba con dejarse llevar por el ritmo del mar.
 
— Esto es muy excitante, en la primera vez que lo hago— le susurré al oído.
— Es pura libertad y naturaleza, relájate y disfruta. Qué rico…— dijo entrando hasta el fondo de mí».

Masaje Thai

«Empezó con la otra pierna y el protocolo fue similar. Sus dedos acabaron en el mismo lugar, volviendo a excitarme, a la vez que empezaba a dudar sobre si esto sería lo normal o la cosa se estaba yendo por otros lares. El debate en mi mente dio comienzo. Por un lado, la voz que representaba mi parte corporal y mi deseo pedía más roces del estilo y, por otro, mi mente racional, quizá condicionada por el carro de creencias adquiridas por educación y sociedad sobre mi sexualidad, pensaba en detener el masaje y denunciarle, aunque sabía que estaba siendo plenamente consentido por mi parte. De hecho, quería más».

Jazz Piano

«Se metió el mando en el bolsillo del pantalón para que no pudiera predecir cuando iba a pulsar el botón. Yo estaba excitada solo de pensar que habíamos iniciado el juego. Trajeron los Margarita y empezamos a beber mientras charlábamos sobre sueños de futuro, porque tampoco está permitido hablar del trabajo del día a día. Mientras le contaba que quería invertir en un apartamento para alquilar, activó el vibrador, provocando que diera un pequeño salto en la silla acompañado de una carcajada. Ambos nos reímos e intentamos disimular frente a la mirada de algunos comensales. La vibración siguió mientras me acomodé como pude y cerré los ojos para concentrarme en la sensación. Lo paró cuando llegó el camarero para tomar nota. Tuvo que hablar él, yo no podía por la mezcla de vergüenza, excitación y risa.

—   Esto es muy divertido, me encanta tu sorpresa. Los preliminares esta noche van a ser eternos. ¿Brindamos por nosotros?»

No te quedes con las ganas.

Para cualquier duda o incidencia, puedes escribirnos a soporte@efectovida.es

Mi recomendación:

Tiempo de calidad, atención e intención.

Que no los leas los tres de golpe y, mucho menos, con prisa. Que prepares el momento creando un contexto sugerente que te ayude a entrar, jugando con los sentidos, algún aroma que te conecte con esta parte de ti, con música que te lleve al estado deseado… que lo conviertas en un ritual contigo misma.


 

¿Qué me llevo?

3 relatos para estimular tus fantasías sexuales.

En formato pdf descargable para los leas tantas veces como quieras. 


 

Espero que lo goces.

 

Para cualquier duda o incidencia, puedes escribirnos a soporte@efectovida.es